
Diez minutos para calmar la ansiedad
9 min · Alivio
9 meditaciones · de 3 a 20 min
Cuando la ansiedad sube, la mente corre por delante y el cuerpo se prepara para un peligro que no está en la habitación. Estas meditaciones no te piden que la hagas desaparecer: te ayudan a notar dónde está, a darle más espacio y a que el cuerpo entienda, poco a poco, que ahora mismo puede bajar la guardia.

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La ansiedad se vive sobre todo en el cuerpo: el pecho apretado, la respiración alta y rápida, el estómago encogido, las manos inquietas. Pelearse con esas sensaciones suele subirlas más. Lo que proponen estas prácticas es lo contrario: nombrarlas, dejar que estén y llevar la atención a algo estable, como los pies en el suelo o el aire que sale.
No hace falta que la mente se quede en blanco. Si los pensamientos siguen, la voz te devuelve una y otra vez al cuerpo. Cada vuelta cuenta, aunque te vayas cien veces.
Si estás en pleno pico, empieza por la respiración: un minuto de suspiro fisiológico o de exhalación larga baja el pulso antes que cualquier audio. Después, «Diez minutos para calmar la ansiedad», escrita justo para eso, o una más corta, de 3 o 5 minutos, como «Alivio cuando el cuerpo expresa lo que cuesta nombrar».
Si la ansiedad es de fondo, de esas que acompañan todo el día, las de 20 minutos dan tiempo a que el cuerpo afloje de verdad. Y si te despierta de madrugada, «Calma al despertar de madrugada» está pensada para escucharla tumbado y con la luz apagada.
Practicar cuando estás más o menos tranquilo hace que, el día que aprieta, el cuerpo ya conozca el camino. Bastan cinco minutos a la misma hora: al despertar, al volver a casa o antes de dormir.
Ayuda a muchas personas a bajar la activación del cuerpo y a no engancharse tanto a los pensamientos que la alimentan, sobre todo si se practica a menudo. No es un tratamiento: si la ansiedad es intensa o frecuente, conviene hablarlo con un profesional.
Pasa a veces al prestar atención a la respiración. Abre los ojos, apoya los pies, mira algo de la habitación y respira soltando el aire despacio. Puedes seguir con una práctica más corta o con la respiración guiada, que no pide estar quieto mucho rato.
Con 3 o 5 minutos al día se nota. Las de 10 a 20 minutos son para cuando tienes un rato sin prisas o la tensión lleva horas acumulándose.
Para un pico, la respiración actúa antes. Para la ansiedad de fondo, la meditación da algo más: aprender a mirar lo que pasa sin dejarse arrastrar. Lo ideal es combinarlas: primero un minuto de respiración y luego el audio.
Estas meditaciones acompañan, pero no sustituyen la atención de un profesional. Si lo que sientes dura semanas, te impide hacer tu vida o te asusta, habla con tu médico. En España, si piensas en hacerte daño, llama al 024 (gratis, a cualquier hora).
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Temporizador
El sonido se apaga poco a poco al final.
Velocidad de la voz
Al terminar una historia