aliento

Meditación guiada · Calma

Día 2 · Respirar contando

11 min · Voz de Luna

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Día 2 de Empieza a meditar: 7 días de calma sencilla

Sesión 2 de 7 del plan "Empieza a meditar: 7 días de calma sencilla" (sesiones de 10 minutos). Para: personas que nunca han meditado. Nivel principiante (puede que nunca haya meditado). Ya practicado en sesiones anteriores: día 1: undefined. Retoma muy brevemente lo del día anterior antes de introducir lo nuevo. Tema de hoy: undefined. Objetivo: undefined. Es la última sesión: integra lo aprendido y despide el plan invitando a mantener la práctica. Introduce solo UNA idea nueva; el resto es práctica. Sin mecánicas de culpa ni exigencia.

El guion de la meditación

Comienza encontrando una posición cómoda, en tu asiento o donde te hayas acomodado.

Si te apetece, deja que los ojos se cierren. Si prefieres mantenerlos abiertos, suaviza la mirada hacia un punto tranquilo.

En la práctica anterior, quizá exploraste algo muy simple: detenerte un momento y notar la respiración.

Hoy añadimos una sola idea nueva: cuando la mente se vaya, puedes volver con amabilidad.

No hace falta hacerlo perfecto. Meditar también es darse cuenta y regresar.

Toma una inhalación tranquila por la nariz, si resulta cómodo.

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Suelta el aire despacio.

Otra vez, inhala sin forzar.

Exhala, dejando que el cuerpo se asiente un poco más.

Nota los puntos de apoyo bajo ti.

El peso del cuerpo entregándose al lugar que te sostiene.

Nota las manos.

La cara.

La mandíbula. Si encuentras tensión, no luches con ella. Solo deja un poco de espacio alrededor.

Ahora lleva la atención a la respiración.

No necesitas cambiarla. Siente cómo entra el aire.

Siente cómo sale.

Tal vez notes el movimiento en el pecho, en el abdomen, o en la nariz.

Elige un lugar donde la respiración se sienta con más claridad.

Quédate ahí, con una atención sencilla.

Inhalar.

Exhalar.

Recibir el aire.

Soltar el aire.

Es normal que aparezcan pensamientos, sonidos, recuerdos o planes.

Cuando notes que la mente se ha ido, no pasa nada. Ese momento de darte cuenta ya forma parte de la práctica.

Puedes decir por dentro: pensando. Y volver a sentir la respiración.

Practiquemos así durante unos momentos.

La respiración entra.

La respiración sale.

Si te distraes, vuelve con suavidad.

Sin regañarte. Sin empezar de cero. Solo volver.

Ahora amplía un poco la atención.

Además de la respiración, nota el cuerpo completo.

El contacto con el soporte.

La temperatura del aire en la piel.

Los sonidos que llegan y se van.

No necesitas perseguir nada. Permite que todo esté aquí, mientras la respiración sigue.

Vuelve otra vez al punto elegido de la respiración.

Una inhalación.

Una exhalación.

Este es el gesto principal: notar, perderse, darse cuenta, regresar.

Muy simple. Muy humano.

Si aparece alguna sensación agradable, déjala estar.

Si aparece neutralidad, también está bien.

Si hay inquietud o cansancio, no hace falta arreglarlo.

Vuelve al siguiente aliento disponible.

Durante unos instantes, practica en silencio guiado por esa idea: volver con amabilidad.

Respirar.

Notar.

Volver.

Poco a poco, deja que la respiración sea solo una parte de la experiencia.

Nota el espacio alrededor del cuerpo.

Nota cómo está tu energía ahora, sin evaluarla.

Tal vez algo se haya suavizado. Tal vez todo siga igual. Ambas cosas pueden tener lugar en la práctica.

Antes de cerrar, reconoce este pequeño tiempo que te has ofrecido.

No por haber logrado algo especial, sino por haber estado aquí.

Si quieres continuar estos días, puedes hacerlo de forma muy sencilla: un minuto, una respiración, un regreso amable.

La práctica puede acompañarte sin exigencia.

Toma una respiración un poco más profunda.

Suelta el aire lentamente.

Siente de nuevo los apoyos del cuerpo.

Mueve apenas los dedos, si te apetece.

Y cuando sea natural, permite que la mirada vuelva al espacio.

Gracias por practicar. Que esta calma sencilla pueda acompañarte, a tu ritmo.

Que esta calma sencilla pueda acompañarte, a tu ritmo.

Guion y voz generados con inteligencia artificial. Es una práctica de bienestar, no un tratamiento.

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