
Diez minutos para calmar la ansiedad
9 min · Alivio

Meditación guiada · Alivio
7 min · Voz de Luna
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Para un día triste, cuando todo pesa el doble y los ánimos de «piensa en positivo» no ayudan. Diez minutos para notar dónde vive la tristeza en el cuerpo, respirar a su lado sin pedirle que se vaya y tratarte con la paciencia que tendrías con alguien querido.
Hola. Si has llegado hasta aquí con tristeza, gracias por darte este rato. No vamos a intentar que se vaya. Ni a buscarle una explicación. Solo vamos a acompañarla un poco, como se acompaña a un amigo que está pasando un mal día. Ponte como estés más a gusto. Tumbado, sentado, envuelto en una manta, como te apetezca. Cierra los ojos, si quieres.
Respira con normalidad. No hace falta respirar de ninguna manera especial. Solo nota que el aire entra, y que el aire sale.
La tristeza a veces pesa en el cuerpo. Hace que todo sea más lento, que cueste más moverse. Es normal. No estás haciendo nada mal.
Busca ahora dónde la sientes. Puede estar en el pecho, como un peso. En la garganta, como un nudo. Detrás de los ojos. O repartida por todo el cuerpo, como un cansancio.
Cuando la encuentres, no te alejes. Tampoco hace falta meterte dentro. Quédate a su lado. Como quien se sienta en el borde de la cama de alguien que está triste, sin decir nada, solo estando. Al entrar el aire, imagina que llega también hasta esa zona. Y al salir, que se lleva un poco de tensión alrededor. La tristeza puede quedarse. Solo le estamos dejando más sitio para estar. Si te vienen ganas de llorar, deja que pase. Llorar también es una forma de soltar. Puedes seguir escuchando o hacer una pausa. Aquí no hay prisa. Pon una mano sobre el pecho, o abrázate suavemente, como te salga. Siente el calor de tus propios brazos.
Y dite, por dentro, algo así: esto duele, y estoy aquí conmigo. No necesitas sentirte mejor ahora mismo. No necesitas ser productivo hoy, ni estar alegre, ni explicar nada a nadie. Hoy basta con cuidarte un poco. Piensa en una cosa pequeña que podrías hacer por ti después de esta práctica. Algo muy sencillo. Beber un vaso de agua. Abrir la ventana. Mandar un mensaje a alguien de confianza. Darte una ducha caliente.
Solo una cosa. La que te resulte más fácil. Vuelve a la respiración. Entra el aire. Sale el aire.
Quédate un momento más así, acompañándote. Poco a poco, vamos terminando. Mueve despacio las manos y los pies. Nota el sitio donde estás. Y cuando quieras, abre los ojos. Si la tristeza dura muchos días o se hace muy pesada, no la cargues a solas: habla con alguien de confianza o con tu médico. Pedir ayuda también es una forma de cuidarte.
No hace falta estar bien para merecer cuidado. Hoy también cuenta.
Guion y voz generados con inteligencia artificial. Es una práctica de bienestar, no un tratamiento.
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