aliento

Meditación guiada · Dormir

Escaneo corporal para el insomnio

17 min · Voz de Luna

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Gratis y sin registro. Con el icono de la luna del reproductor pones un temporizador.

Para escuchar ya acostado, con la luz apagada, cuando el sueño no llega o te has desvelado. Unos quince minutos para recorrer el cuerpo de los pies a la cabeza, soltar cada zona al exhalar y dejar de pelear con la noche. No hace falta llegar al final: si te duermes antes, mejor.

El guion de la meditación

Hola. Esta práctica es para la cama, con la luz apagada. Si te cuesta dormir o te has despertado y el sueño no vuelve, no tienes que hacer nada especial. Solo escuchar y dejar que el cuerpo se suelte, parte por parte. Si te quedas dormido antes del final, perfecto.

Colócate en la postura en la que sueles dormir. Boca arriba, de lado, como prefieras. Acomoda la almohada. Deja que la cabeza pese.

Antes de empezar, un pequeño acuerdo contigo. Durante estos minutos no hace falta mirar la hora. No hace falta calcular cuántas horas quedan. La noche puede esperar. Ahora solo toca descansar.

Toma aire despacio por la nariz. Y suéltalo más despacio todavía, por la boca.

Otra vez. Entra. Y sale, largo, como un suspiro.

Ahora deja que la respiración encuentre su propio ritmo. No hace falta controlarla. Nota el colchón debajo de ti. Todos los puntos donde el cuerpo se apoya. Los talones. Las piernas. La espalda. La cabeza en la almohada.

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El colchón te sostiene entero. No tienes que sujetarte a nada. Vamos a recorrer el cuerpo despacio, empezando por los pies. Lleva la atención a los dedos de los pies. Puede que notes calor, frío, el roce de la sábana. O puede que no notes nada. También está bien. Al soltar el aire, imagina que los dedos se aflojan. Ahora las plantas de los pies. Los talones. Los tobillos. Deja que pesen. Como si se hundieran un poco en el colchón. Sube a las pantorrillas. Muchas veces guardan tensión sin que lo sepamos. Al exhalar, suéltalas. Las rodillas. La parte de atrás de las rodillas. Blandas. Los muslos. Son músculos grandes, fuertes, que te han llevado de un sitio a otro todo el día. Ahora ya no tienen que llevarte a ningún sitio. Deja que descansen. Las caderas. La pelvis. Siente el peso de esta zona sobre el colchón. Y al soltar el aire, deja que pese un poco más. Lleva la atención a la tripa. Nota cómo sube un poco al entrar el aire, y cómo baja al salir.

Sin cambiar nada. Solo acompañando ese movimiento lento, como una ola pequeña. Ahora el pecho. Si notas ahí algo apretado, alguna preocupación del día, no hace falta resolverla ahora. Imagina que la dejas en la mesilla, fuera de la cama. Mañana seguirá ahí, si hace falta. Esta noche no tienes que cargar con ella. La espalda. Recórrela de abajo arriba, despacio. La parte baja. El centro. Entre los omóplatos.

Toda la espalda apoyada, sostenida, sin tener que mantenerte en pie. Los hombros. Aquí se acumula mucho del día. Al soltar el aire, deja que bajen, que se alejen de las orejas.

Una vez más. Exhala, y deja que caigan. Los brazos. Los codos. Los antebrazos. Las muñecas. Y las manos. Deja que se abran un poco, que los dedos se separen solos. Unas manos que ya no tienen nada que sostener. El cuello. La nuca. Deja que la cabeza se entregue del todo a la almohada. Ahora la cara. La mandíbula, suelta, con los dientes un poco separados.

La lengua, descansando. Las mejillas. Los ojos, pesados detrás de los párpados.

La frente, lisa, como si alguien la acariciara despacio.

Y la parte de arriba de la cabeza. Siente ahora el cuerpo entero. De los pies a la cabeza. Pesado. Tibio. Apoyado. Si la mente sigue pensando, déjala. Es como una radio encendida en otra habitación. Puedes oírla de fondo sin prestarle atención. Tú sigue aquí, en el cuerpo, en la respiración. Vamos a contar respiraciones hacia atrás, muy despacio. Si te pierdes, no pasa nada. Vuelve a empezar o déjalo. Diez. Entra el aire, sale el aire.

Nueve.

Ocho.

Siete. Seis. Cinco. Cuatro. Tres. Dos. Uno. Ahora ya no hay nada que hacer. Ni contar, ni recorrer, ni escuchar con atención. Solo quedarte aquí, en este cuerpo que descansa. Si el sueño llega, déjalo entrar. Y si no llega todavía, descansar así también es bueno para ti. Buenas noches.

Descansar también cuenta. El sueño llega mejor cuando dejamos de buscarlo.

Guion y voz generados con inteligencia artificial. Es una práctica de bienestar, no un tratamiento.

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